En realidad no sabemos lo que se encuentra fuera de nosotros. Desde ya sentimos al mundo dentro nuestro, pero qué existe fuera de nosotros no podemos sentirlo nunca.
Supongamos que escucho un sonido: Así supongo yo, de que existe una especie de influencia o fuente generadora de una onda sonora, la cual llega a mi oído, presiona el tímpano, y desde ahí comienza un movimiento de señales eléctricas, reacciones químicas, comparación con aquellos registros que existen en el cerebro, etc.; y solo después, recibo la información de que he oído un sonido. Es decir, me imagino lo que se encuentra en el exterior tras una reelaboración de miles de veces, más no aquella señal que existe fuera de mí.
Por esta razón, no podemos nunca aseverar lo que existe fuera de nosotros; podemos hablar solamente sobre lo que concebimos dentro de nosotros. No obstante, todo esto nos conduce a que comprendamos que esto nos es insuficiente para la existencia y que lleguemos a la necesidad de un nuevo órgano de sentido adicional para salir de las fronteras de nuestro mundo, hacia otro nivel completamente distinto de percepción del universo, hacia otra dimensión.



























